A las madres aún despiertas

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Parpadeos prolongados, bolsas profundas debajo de tus ojos, y un bostezo aún más profundo…pero al menos nadie te necesita “ahora.” Estarás cansado por la mañana, no hay duda al respecto, y estarás cansado la mayor parte del día…pero al menos ahora, en este momento, todo está en silencio y en paz.

Tu eres una madre, y estas despierta.

El resto de la casa duerme tranquilamente, libres de soñar lo que quieran. Pero tu no. Sí, ahora también podrías irte a la cama, seguramente. Podrías haberte ido hace dos horas y haberte entregado a la nada tranquila, podrías haber sido igual de pacífica. Pero no lo recordarías por la mañana.

Quieres recordar el silencio.

Y entonces los segundos se convierten en minutos, los minutos se convierten en horas, y antes de que te des cuenta, la hora de las brujas vino y se fue, y tu sabes que, si tu no duermes pronto, te convertirás en una bruja. No quieres eso.

Pero te quedas unos minutos más – en frente de la televisión, en la computadora, escribiendo – tal vez en tu diario, leyendo un libro, teniendo un bocadillo, haciendo ejercisio, recostado en el sofa, pensando, escuchando música, estudiando, aprendiendo una nueva habilidad, cocinando, limpiando, pintando… haciendo lo que quieras.

Estos pequeños momentos y estos momentos breves de reflexión, de claridad; de recordar quién eres y de qué se trata al final de un día en el que nada se trata de ti: estos son los momentos por los que vale la pena perder el sueño.

Porque eso ya no es algo que puedas hacer, ‘como quieras’. No, esa libertad está reservada para los sin hijos y los irresponsables. O los afortunados; Tu recuerdas que hay algunos de esos.

Y así te quedas, solo unos minutos más. Seguro que estará cansado y tu familia no comprenderá el abandono deliberado del sueño. Pero sonreirá cuando haya hecho lo que se propuso hacer, ininterrumpido, intacto y sin ataduras. Y sentirás que tu mente da un suspiro de alivio al descubrir que todavía estás allí después de todo; que sigues siendo tú.

Que sigues siendo tu.

Y, sobre todo, siempre recordarás el silencio.

-Jen

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